“EDUCAR PARA: UNA SUPERACION MORAL Y UN IDEAL SUBLIME”

Toda buena educación debe ser integral y comprender y perfeccionar a los elementos constitutivos del ser humano, que son materia y espíritu. La educación correcta está llamada a ser fuerza de cambio personal y social. Ayudar al hombre a su crecimiento humano, considerando la cultura en la que se vive y de la cual, él es quiera o no, protagonista. Por eso la educación correcta, no sólo ayuda a dominar los instintos y someterlos a la razón. Sino que aspira a la perfección sin cesar. Las victorias deben complementarse con conquistas. Ninguna adquisición material, intelectual o moral debe satisfacerle; porque creado a imagen de Dios, de alguna manera debe imitarlo y esto se da por medio de ascensiones y conquistas indefinidas. El “Sur Sum Córda” le está hostigando, para esta superación moral y un ideal acorde a su naturaleza. La educación que no logra implantar en el corazón del educando el deseo de subir, de perfeccionarse sin cesar; sin un punto de referencia que oriente su vida de una manera decisiva, la unifique e intensifique, es una educación deficiente, manca. Todos los educadores debemos tener en cuenta que la edad de la ”adolescencia” es la edad de oro de la vida. Los sentidos, la imaginación y la sensibilidad están despiertos con vivacidad desbordante; todavía no están estragados. Se vislumbran nuevos horizontes, la razón empieza a desplegar sus alas para emprender el vuelo; el corazón siempre está de fiesta y la vida se encamina hacia la plenitud con un ritmo alegre y enérgico. Con embriaguez Psíquica, hay tendencia a experimentarlo todo, a desarrollarse en todos sentidos, para afirmar la propia personalidad, la confianza en sí mismo y en los demás; en esa edad hay muchos entusiasmos que intrepidan impacientes por actuar y aquí es dónde debe haber una buena educación, de alta calidad. Es la edad de la vocación es decir del llamamiento y respuesta del educando; es la hora de hacer la elección más importante para toda la vida. No olvide esto, todo educador y sobre todo los padres de familia. Es el momento que sus hijos y educandos, deben despreciar los sueños de grandeza, para entregarse a la realidad de la grandeza. Y la verdadera grandeza sólo se encuentra dentro del discipulado de Jesucristo y esa grandeza es la santidad de la vida. No se es grande porque se está lleno de gloria, sino se es grande porque se trabaja por llegar a la santidad, aunque haya repugnancia y desfallecimiento; dudas y desalientos. Pero con una personalidad bien realizada, se es idéntico en todas las circunstancias de la vida y siempre habrá avidez de abnegación y heroísmo. Reflexione que las perspectivas de la lucha, del sufrimiento y demás, lejos de abatir la personalidad, la exaltan, si son superadas; como el buen deportista que le pega a la pelota o al balón y demás. Y saca carrera o mete goles, superando al pitcher y al portero.

EDUCAR PARA UN IDEAL NOBLE

Todo padre de familia y todo educador, no deben olvidar, que la vida se condensa, principalmente en la juventud. En ella se pueden sembrar y germinar las más prometedoras esperanzas, o los más dolorosos fracasos. En ella queda marcado de forma indeleble e inconfundible, lo que se haya sembrado y un día como un capullo que rompe su cerrazón, la madurez abrirá la vida joven, e impregnará a la sociedad con las esencias buenas o malas, que le hayan sido sembradas. De aquí la necesidad: de un ideal noble. El mundanismo con sus ideas y frivolidad, apantalla y se echa encima de la juventud, para desviarla. Invita a gozar de esa edad, sin responsabilidad y con muchísima frecuencia se gasta el Tesoro de la Juventud sin ninguna previsión y apurando con urgencia la copa del placer. Y muchísimos jóvenes se la pasan, besando a Baco y abrazados de Morfeo, la mayor parte de las horas del día, deambulando por los agradables caminos del egoísmo, sin ningún ideal. En esa edad, por la inmadurez psicológica y moral, la juventud explota la vida y con frecuencia por el vigor interior y exterior que se vive en esa edad, se exige horizontes amplios y cielos azules de algún ideal hacia el cual tender los vuelos, pero está fuera del alcance, por eso se seca en la mejor edad y se cierra en el estrecho círculo de la propia comodidad y placer. La juventud es el tiempo de forjar un gran ideal y con su luz ir cincelando, dibujando, forjando una vida espléndida, cargada de un rico porvenir personal, familiar, social y eclesial. Pero la indiferencia, la superficialidad de una buena y acertada educación académica y moral, acabó con la flor de la vida. Y así como las flores de los árboles frutales que se abren prematuramente y son sorprendidas por las heladas se secan, también así la hermosa floración de la primavera de la vida anticipada y mal educada, con puros fragmentos científicos, sin principios evangélicos y morales, termina en la ruina como problema social. Y cuando se llega a la edad madura y a la vejez, el corazón se encuentra penetrado de desilusión. Aquella vida de placer y superficialidad, termino en puros desengaños. Y las arrugas de la vejez y del corazón, no permiten ya una visión esperanzadora de nuevos horizontes. La vida y el vigor en otro tiempo juvenil, están ahora en una declinación irreversible, cargada de tristeza y fracaso. Los vicios o defectos en otro tiempo aparentemente sin importancia, crecieron con la edad y el hábito. Por eso urge en los padres de familia y en los educadores, llenar el corazón de los jóvenes de un gran ideal de superación y conquista.

¿QUE ES UN IDEAL?

Una idea clara, concreta, intensa, poderosa práctica y fija que todo hombre se forma. Es algo que muchas veces todavía está lejos, pero nos atrae y constituye la razón suprema de todos nuestros esfuerzos y de toda una vida. Es la cumbre final, a la cual queremos llegar como todo alpinista, que con su esfuerzo y destreza llega a la meta deseada. Pero para poder llegar a esa meta, hay que tener en cuenta las aptitudes personales y cualidades del ideal. Este, debe ser: alcanzable a las aptitudes; no puede ser cirujano un estudiante sin brazos; tipógrafo si está miope, etc. Debe ser noble alto, todo hombre puede clavar una bandera en el valle, no así en la cima de la montaña. Debe ser pleno capaz de satisfacer la vida humana en todas sus dimensiones. Todo educando tiene que conocer las clases de ideales que hay. Unos son bajos como los placeres que proporcionan goces momentáneos. Otros son limitados, de felicidad efímera y fugaz. Otros son Nobles que proporcionan felicidad mientras existan. Y otros son sublimes, que trascienden los valores ordinarios del hombre. Como el apostolado, la santidad, etc. De la clase de ideal que se tenga, es la clase de hombre. Ideales de barro, hombres de barro. Ideales nobles, es un ser humano en plenitud. Ideales sublimes, eres un superhombre. ¡Piénselo! Ojalá que la reforma educativa, ayude a los educandos a saber elegir su ideal, y a una superación moral, para llevar una vida plenamente humana, que contribuya a una convivencia social de calidad. ¡Arriba y adelante! Por una superación moral y un ideal sublime, para que sean seres humanos valiosos, aunque no tengan aureola de fama, o corona de reyes. Pero el mundo necesita esta clase de seres humanos, incluyendo a los santos, porque hace falta el amor cristiano, vivido con sinceridad y eficacia, para seguir caminando hacia la Vida Eterna.