Ser un templo del Señor

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas

25 septiembre

AUDIO

Ageo 1,15-2,9: “Dentro de poco tiempo llenaré de gloria este templo”, Salmo 42: “Envíame, Señor tu luz y tu verdad”, San Lucas 9,18-22: “Tú eres el Mesías de Dios – Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho”

Hemos llegado a una situación que nos provoca desaliento, sobre todo porque se ha perdido todo respeto para la persona humana, porque se le compra o se le vende, porque se le agrede y menosprecia, porque la vida humana en muchas situaciones ha perdido su valor. Pero cada persona es un templo del Señor.

En la lectura del profeta Ageo encontramos al pueblo desalentado porque no han contemplan el esplendor que tenía antiguamente el templo. El profeta los ánima con estas palabras: “¡ánimo!, Zorobabel; ¡ánimo!, Josué; ¡ánimo!, pueblo entero. ¡Manos a la obra!, porque yo estoy con ustedes, dice el Señor de los ejércitos. Conforme a la alianza que hice con ustedes, cuando salieron de Egipto, mi espíritu estará con ustedes. No teman”.

Como quisiera que estas mismas palabras resonaran para cada uno de nosotros que a veces nos encontramos desalentados. Si nos fijamos solamente en nuestras pobres fuerzas, no tendremos éxito, pero si pensamos en que Dios está con nosotros, encontraremos la fuerza necesaria para levantarnos cada día y salir adelante. El pueblo de Israel había sufrido mucho y después del destierro no tenía ni la ilusión ni el entusiasmo necesario para reconstruir el templo. Hoy hay muchos templos que necesitan reconstrucción. Y no me refiero primordialmente a las capillas e iglesias físicas, sino a esos otros templos que somos cada uno de nosotros.

Hay quien ha perdido el sentido de su vida, quien siente que no vale nada, a quien lo han mortificado y humillado tanto que no tiene alientos para levantarse. Hoy el Señor nos recuerda que cada uno somos templos suyos, que somos una obra valiosa de sus manos y que ningún malhechor nos puede destruir. Hoy también para nosotros son esas palabras de ánimo que pronuncia el profeta Ageo para que iniciemos esta reconstrucción. “No teman, porque yo estoy con ustedes”. Nuestra confesión de fe, como la de Pedro, tiene que brotar de esa seguridad de que Jesús camina a nuestro lado y construye con nosotros.