Profeta Joel

Date: 
Viernes, Julio 13, 2018 (All day)

I. LA PERSONA Y EL TIEMPO. Joel (en hebreo Yó 'el, "Yhwh es Dios"), hijo de Petuel, es uno de los doce profetas menores. De él no sabemos nada más que lo que puede deducirse de su escrito. Hoy se piensa que pertenecía a la categoría de los "profetas cultuales", es decir, de aquellos profetas que ejercían el ministerio dando respuestas y consejos, particularmente con ocasión de las festividades y asambleas de carácter cultual, reconocidos y venerados por la comunidad a la que se dirigían. Joel, muy probablemente, vivió y actuó en Jerusalén, como puede deducirse de algunas observaciones: aprecia mucho los ritos litúrgicos del templo, menciona con agrado la ciudad, al hablar de "la tierra" se refiere siempre a la región de Judá (p.ej., 1,2.14; 2,1; 3,5; etc.).

II. EL ESCRITO. Sobre la fecha de composición del escrito, dado que en el libro no se hace ninguna referencia concreta a acontecimientos históricos, sólo podemos tener en cuenta el contenido: la condenación de todas las naciones que en los últimos tiempos atacaron a Jerusalén sólo era posible en el período posterior al destierro; no se menciona nunca la corte real, ni siquiera en los pasajes en los que sería de esperar, como 1,2 y 2,16; contiene un número notable de arameísmos; presupone el ofrecimiento del holocausto cotidiano. Por todos estos motivos el profeta se ubica en el período que va del siglo Iv al III a.C. El texto hebreo está dividido en cuatro capítulos, mientras que las versiones griega y latina tienen tres, ya que unen los capítulos 2 y 3 del texto hebreo.

Debido a la diferencia de estilo y de contenido entre los capítulos 1-2 y los capítulos 3-4, se discute sobre la unidad del libro; la mayor parte de los críticos piensan, sin embargo, que una serena valoración de las dos partes hace resaltar la unidad fundamental del libro. Los dos primeros capítulos describen la llegada al país de la plaga de langostas y la actividad desarrollada por el profeta, que se manifiesta verdaderamente como "profeta cultual": pide a los sacerdotes que eleven una lamentación, que instituyan un gran día de ayuno, y hace él mismo una plegaria característica (1,15-20); invita a dar la alarma en Sión, ahora que se aproxima la plaga; exhorta a la penitencia con la esperanza de que el perdón divino aleje pronto el castigo. Esta parte es totalmente una alternancia entre el profeta, el pueblo, los sacerdotes, la invitación urgente a la oración y al ayuno; todo ello termina con el anuncio de que Dios ha escuchado las súplicas, alejando la plaga y asegurando una reparación adecuada de los daños producidos.

En los dos primeros capítulos el profeta habla del "día de Yhwh", presentando las langostas como un signo premonitor de aquel día. Los dos últimos capítulos enumeran los signos que anticipan ese día, entendido ahora con un valor ejemplar, y el juicio divino que habrá de caracterizarlo.

TEMAS PROPIOS. Los temas caratterísticos de este escrito profético, de tamaño reducido, pero de gran significado para el AT y el NT, son tres.

a) El día de Yhwh. La invitación a tocar la trompeta (hebreo, sofar) que hace el profeta podía ser la señal de una asamblea religiosa, de la inminencia de un peligro o de un castigo, o bien, como en nuestro libro, el anuncio de la llegada del "día de Yhwh", tema de notable interés teológico. En JI tenemos las características que marcan la última parte de la evolución de este tema. Confiando en su Dios y en la cualidad de pueblo unido a él por una alianza, siempre que se encuentra en dificultades Israel confía en la intervención de Dios (cf Dt 7-9): "En medio de ti está Yhwh, un Dios grande y terrible". A esta espera los profetas del períodopreexílico contraponen el "día de Yhwh", como día negativo para Israel, pertinaz en su comportamiento irreligioso; sólo se hace una excepción, y es para el "resto" de Israel.

Fue sobre todo durante el destierro, después de la experiencia de la catástrofe de los dos reinos, cuando "el día de Yhwh" se concibió como un día de cólera y de tinieblas, no ya para Israel, derrotado por completo, sino para las naciones vecinas, mientras que para Israel se convierte en el día del comienzo de la restauración, de la esperanza de renacer (cf J13,4-5 y todo el c. 4). Tenemos así dos elementos fundamentales para extender el día de Yhwh más allá de los estrechos confines anteriores, poniéndolo en la perspectiva francamente universalista del triunfo de los justos y de la ruina de los pecadores, de la victoria definitiva de Dios sobre sus enemigos (cf Mal 3,19-23).

Las concepciones fundamentales sobre las que se basa Jl son, por una parte, la representación de Yhwh como guerrero invencible en defensa de su pueblo, pero también en contra suya siempre que se alía con los pecadores; por otra parte, la firme convicción de que Yhwh domina la historia humana, de que a él le corresponde la última palabra contra los antiguos monstruos del caos y contra el mal (cf Ez c. 38), para reinar a continuación sobre toda la tierra. En las descripciones imaginarias de los profetas, el día de Yhwh va acompañado de signos y prodigios cósmicos ampliados con cierta complacencia: la tierra tiembla, el cielo se conmueve, el sol y la luna se oscurecen, las estrellas se esconden, todo será tiniebla, sangre, fuego, columnas de humo, etc. (2,10-11; 3,3-4; 4,15-16).

b) La efusión del Espíritu. En el contexto del "día" entendido de este modo, el profeta anuncia con mucho énfasis el nombre de Dios: "Yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán..." (3,1). El Espíritu de Yhwh es una fuerza divina, que transforma a las personas investidas de ella; puesto que viene de Dios y orienta hacia él, se le llama frecuentemente "santo". En el período anterior al destierro se habla de la acción del Espíritu sobre cada una de las personas, pero a partir del destierro se anuncia preferentemente su acción sobre todo el pueblo; se trata siempre de una efusión transformadora y renovadora, pero cuya acción es raras veces violenta y puede quedar paralizada por la resistencia de las personas que se rebelan y entristecen al Espíritu (Is 63,10). En el contexto de la renovación escatológica entrevista por el profeta, la acción del Espíritu es muy significativa; por eso es del presente texto de Jl de donde san Pedro, el día de pentecostés, toma la cita en que se atestigua la realización del día anunciado por los profetas y del comienzo de una nueva era, que es precisamente la del Espíritu (He 2,16-21).

c) El valle de Josafat. "Reuniré a todas las naciones y las haré bajar al valle de Josafat... Que se pongan en marcha las naciones camino del valle de Josafat. Allí me sentaré yo para juzgar a todos los pueblos circundantes" (4,2.13): Joel es también el profeta que habla del juicio en el valle de Josafat (hebreo, Yehó.r"afat). Se trata, en realidad, de un nombre simbólico equivalente a "Yhwh juzga", inventado por el profeta para designar idealmente el lugar en donde Dios reunirá a todas las naciones para condenarlas y establecer para Israel una era de paz. Fue sobre todo en el período posterior al destierro cuando se acentuaron las esperanzas de una condenación de las naciones que se habían levantado contra Israel y de un renacimiento y restablecimiento de la independencia. Estos dos aspectos se ampliaron naturalmente según los principios y las perspectivas del NT, pero sacaron de Jl su inspiración.

La identificación del valle de Josafat con un valle en las cercanías de Jerusalén pareció sugerirse en 4,11. 16; por eso, en torno al siglo iv d.C. se le dio este nombre a la parte del valle del Cedrón situado al sudeste del área del templo. En este sector, ya en tiempos de Jesucristo se habían levantado algunos monumentos funerarios, todavía célebres, con los nombres erróneos de tumba de Absalón, tumba de Santiago, tumba de Zacarías; hace ya tiempo que es una zona de enterramiento para judíos, cristianos y musulmanes. En realidad, el profeta no aludía a un valle o a una llanura, y mucho menos intentaba darle el nombre de Josafat; en el texto de 4,14 el profeta habla de "valle de la decisión" o del juicio, o también de la trilla, según la polivalencia de la palabra hebrea harús.