XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B

“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”

Tema general: El proyecto del Creador sobre el matrimonio y la familia: una comunidad de vida y de amor para que los hombres sean felices y colaboradores libres y responsables en la transmisión de la vida humana. En al liturgia de la Palabra de este Domingo se aborda, por tanto, uno de los más graves problemas del matrimonio y la familia en nuestro mundo creyente o no creyente. Habrá que leer y exponer estos fragmentos de la Escritura con una exquisita sensibilidad y una inquebrantable fidelidad al proyecto del Creador y a la interpretación que ofreció Jesús profeta auténtico y profundamente misericordioso.

Primera lectura: Génesis 2,18-24.

Marco: Es la visión e interpretación que ofrece el teólogo yavista sobre la creación del hombre y de la mujer. En el capítulo 1 leemos el relato sacerdotal, según el cual Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. El relato yavista es más popular pero no menos teológico, al presentarlo con sus rasgos peculiares.

Reflexiones:

¡Dignidad de la mujer y estabilidad del matrimonio!

Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Sabemos la fuerza que tiene en el pensamiento hebreo el término “carne”. Si trasladamos lo que el hebreo quiere decir con ese término a nuestro mundo de pensamiento diríamos: y serán los dos una sola persona. La carne define al hombre en su totalidad pero considerado en su condición de ser limitado frente a Dios, de ser capaz de comunicación y de múltiples relaciones con los demás. En este relato, el yavista, pensador teólogo y muy sensible a la realidad del hombre en sus dramáticas situaciones, presenta un proyecto ideal del hombre y de la mujer. La historia y la sucesión de culturas mostrarán que las relaciones entre el varón y la mujer no respondían a este proyecto. La sumisión, la comprensión de la mujer como un ser de segundo orden, etc, ha dominado amplios campos de la humanidad. La Escritura está ahí siempre como un punto de referencia que orienta o denuncia las situaciones humanas en este ámbito. La comunión, el reconocimiento de su igualdad, el respeto a su dignidad, la posibilidad de su propio crecimiento son valores que es necesario desarrollar y respetar en este mundo. Los dos son una sola persona, es un principio muy fecundo que, lamentablemente, la historia no ha explotado adecuadamente. Sabemos por la historia de la salvación que en el pueblo de Israel se dieron dos realidades diferentes en torno al matrimonio y la familia: por una parte, se tuvo siempre en singular estima la familia, especialmente en lo que concierne a su misión de transmitir la vida. Pero a la vez, encontramos en la legislación mosaica y en la práctica judía una amplia flexibilidad en cuanto a la estabilidad e indisolubilidad del matrimonio. Esta práctica se mantiene en tiempos de Jesús en las dos grandes escuelas: la de Shamay (más exigente) y la de Hilllel (más flexible e inclinada a las concesiones). En nuestro mundo es necesario seguir adelante en el camino marcado por el Creador. El evangelio que proclamaremos enseguida aportará nuevas luces y posibilidades contempladas a través de la figura y enseñanza de Jesús. .

Segunda lectura: Hebreos 2,9-11.

Marco: Este breve fragmento de la carta a los Hebreos entreteje dos pensamientos cristológicos importantes: Cristo hombre glorificado y Cristo redentor sufriente.

Reflexiones:

¡El hombre un poco inferior a los ángeles!

Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. El autor de esta Carta había recogido, anteriormente, unos versículos del Salmo 8: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que te preocupes por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y honor; todo lo sometiste bajo sus pies. Para el teólogo-autor de la Carta que siente profundas preocupaciones de comunicación del mensaje de Jesús a los hombres de su tiempo, Jesús es y se ofrece como el modelo ideal del hombre y de la humanidad. Es necesario dirigir la mirada a Jesús para reencontrar la verdadera dimensión del hombre manifestada en la creación. Y precisamente Jesús tomará muy en serio la dignificación del hombre y de la mujer que se encontraban en situaciones difíciles en muchos casos. No sólo él fue el hombre ideal, sino el modelo ideal al que contemplar para que se realice el proyecto humano querido por el Creador. Jesús sigue siendo una respuesta para todos los tiempos en cuanto a la humanización se refiere. Y lo sigue siendo para nuestros hombres y mujeres. El ofrece la más auténtica y genuina humanización y realización de los valores humanos.

Tercera lectura: Marcos 10,2-16.

Marco: A partir de la realidad en que se encontraba el matrimonio y la familia en tiempos de Jesús, se comprende el planteamiento que le hacen los fariseos. El texto anota explícitamente que lo hicieron para ponerlo a prueba.

Reflexiones:

¡Las concesiones de Moisés! ¿indulgencia o desviación?

Moisés permitió divorciarse dándole a la mujer un acta de repudio. Por vuestra terquedad.... Este episodio que proclamamos hoy es de palpitante y urgente actualidad. No es una cuestión bizantina que quiera especular teóricamente sobre esta importante realidad. Nadie puede poner en duda que el matrimonio y la familia están pasando por un momento sumamente difícil y delicado. Todos los que caminamos por este mundo podemos observarlo sin grandes esfuerzos. Y también en el seno de nuestra Iglesia se padece la misma realidad. Por tanto volver la mirada a la actitud de Jesús es siempre necesaria. Y precisamente a Jesús le plantearon un problema que era también candente en su momento. Moisés había concedido en su legislación la separación del matrimonio en determinadas circunstancias que al correr del tiempo se fueron ampliando. Jesús, por tanto, no ha sido abordado por los fariseos con una pregunta académica, sino con un problema real. ¿Qué responderá Jesús? Es considerado como un hombre libre frente a la ley y, a la vez, leal a la voluntad de Dios. Cercano al pueblo, especialmente a los que se encuentran en situaciones muy difíciles. ¿Qué hará ante esta realidad de relieve superior? ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? Nadie puede permitirse que Jesús no fue sensible a todas las urgencias de los hombres y mujeres de su tiempo. Este habitual comportamiento hace de la pregunta una cuestión viva y real. Como la puede plantear cualquier ciudadano o ciudadana actual. Una pregunta de siempre. Al proclamar este evangelio debemos presentar al pueblo las circunstancias en que se encontró Jesús, las circunstancias en que se encontraron los hombres y mujeres de su tiempo. Porque son muy similares, cambiando los elementos culturales propias de cada época, a las nuestras. Así podrá hablar el evangelio de modo directo al corazón del hombre de hoy y de siempre.

¡Hay que volver al proyecto original del Creador!

Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre... La mirada de Jesús se dirige a los orígenes. Y Jesús quiere que los hombres dirijan la mirada a los orígenes. En aquellos orígenes aprendemos y descubrimos que Dios hizo el matrimonio y la familia como una comunidad de vida y de amor para la felicidad y la comunión. Bien es verdad que esto sucedía en los orígenes pero que luego tuvieron lugar, según el relato del Génesis presentado de forma popular, otros acontecimientos de gran trascendencia. Jesús se encuentra en medio de la humanidad sujeta a las consecuencias de aquellos acontecimientos dolorosos para el hombre. Cuando Jesús contesta que al comienzo no fue así, es que se puede volver a contemplar el comienzo como posible, viable y la solución verdadera. Pero no se limita a dirigir la mirada de los hombres a los orígenes. Ofrece, como hemos leído en el fragmento de la Carta a los Hebreos, la vía de solución. Él ha querido hermanarse con los hombres y ha pasado por el sufrimiento para llevar una multitud de hijos a la gloria. Permítaseme alguna reflexión en esta línea, sacada de la Escritura misma: me refiero al comportamiento de Jesús ante el sufrimiento humano y ante las situaciones límites; ese punto de referencia es el que debe iluminar la comprensión de su respuesta. No era un académico que defiende una tesis; era un profeta que conduce al hombre a las fuentes de donde arranca su verdadera libertad, su sentido humano y su misión en el mundo. No es una cuestión tangencial para el hombre. Se trata de llegar a la raíz de la solución. Y Jesús llega a la misma, pero no solo ofreciendo una respuesta más o menos convincente de carácter doctrinal, sino ofreciéndose a si mismo como quien ha cargado sobre sus espaldas el sufrimiento del hombre, como quien sabe dónde realmente se encuentra la felicidad verdadera del hombre y cómo se accede a ella. Es la imponente figura de Jesús, no siempre comprendida correctamente, la que avala su respuesta a un gravísimo y sangrante problema. Que Jesús optó por la comprensión del matrimonio como una comunidad de amor y de felicidad irrompible estimo que es el verdadero sentido de sus palabras. Convendría insistir en la presentación de este evangelio que es la figura profética de Jesús, su misión de auténtico intérprete de la voluntad de Dios y su talante compasivo, de lo que está empapado el evangelio, la última referencia para la solución de este problema. Por eso hay que equilibrar cuidadosamente la fidelidad y el sentido de misericordia como lo hacía el Maestro. De esta manera ofrecemos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la solución que les aportará la luz necesaria y los caminos de la felicidad sincera y duradera.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)