San Felix de Gerona

Date: 
Sábado, Agosto 1, 2020

HACE MUCHO tiempo que la pequeña ciudad de Gerona considera una gloria suya la posesión de las reliquias de San Félix. Prudencio reconocía, desde fines del siglo IV, que eran dichas reliquias las que le dieron celebridad. El martirologio Hieronymianum y todos los calendarios mozárabes mencionan a San Félix. Gregorio de Tours le ha consagrado un capítulo (XCI) de su libro dedicado a la gloria de los mártires. Ahí narra que un ladrón se llevó los ornamentos de seda, bordados de oro y adornados con pedrería, junto con otras cosas; en su camino fue abordado por un desconocido quien le propuso indicarle un lugar seguro en donde podía esconder el fruto de su latrocinio. Con la esperanza de poder venderlo, el ladrón aceptó y se dejó conducir sin desconfianza, pero sin saber qué rumbo seguía. El desconocido lo llevó hasta la basílica de San Félix y le dijo: "He aquí la casa de que te he hablado; entra y deposita tu carga". ¡Cuál no sería su asombro al caer en la cuenta de que aquel lugar era el mismo donde había robado! El desconocido desapareció y el ladrón arrepentido, contó lo que le había sucedido; todo el mundo creyó que el desconocido no era otro sino el mismo San Félix.

Gregorio de Tours nos dice también que existían reliquias de San Félix en Narbona. El rey Alarico hizo derribar la iglesia que las guardaba, porque obstruía la vista desde su palacio; el castigo no se hizo esperar; muy pronto el monarca quedó ciego.

San Félix se hizo muy popular durante la Edad Media, tanto en España corno en el sur de Francia; desgraciadamente, sus actas no son auténticas y, si bien podemos asegurar su existencia, garantizada por la antigüedad de su culto, no podemos añadir ningún otro detalle histórico. Algunas leyendas lo iclacionan con San Narciso de Gerona, otras con. Cucufate. Según la version que ha tenido mayor aceptación, San Félix habitaba en Cesárea de Maulitania; al saber que la persecución se recrudecía en España, bajo la prefectura de Daciano, fue a Gerona para encontrarse con él; después de innumerables suplicios, de los cuales salió indemne, acabó por entregar su alma.

Alban Butler - Vida de los Santos