¡AUN ES TIEMPO DE QUE VUELVAN A MI! “NUEVO LLAMAMIENTO A LA CONVERSION” ¡AUN ES TIEMPO DE QUE VUELVAN A MI! “NUEVO LLAMAMIENTO A LA CONVERSION”

San Marcos nos dice que Jesús al empezar su actividad pública dijo: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está ya cerca, conviértanse y crean en el evangelio”. Estas palabras son una proclama y una invitación. Manifiestan un evento divino y requerimiento de una respuesta humana. El Evangelio, no es puro moralismo, pero tampoco una piedad autónoma, desvinculada de todo comportamiento moral. La Iglesia Católica como continuadora de la obra de Jesús, ha iniciado el tiempo de preparación para celebrar el misterio Pascual. Ha empezado la Cuaresma y en ella la Iglesia invita en nombre de Jesús a la conversión, a la reconciliación con el hermano, a la purificación de nuestras intenciones, incluyendo la práctica del ayuno y de la penitencia, regeneradora. Vivimos en un mundo enfermo de ruido; en el que un activismo esclavizante, hace que el hombre lleve una vida ligera y superficial, incapacitándolo para el silencio y la reflexión. Sin embargo es necesario hacer un alto en el camino recorrido y en la riqueza del silencio meditemos la palabra de Dios que nos dice: Búsquenme y me hallarán. Cuando me busquen, con todo el corazón, yo me mostraré. Aun es tiempo, vuélvanse a Mí de todo corazón, no sea que sorprendidos por el día de la muerte, busquen sin poder encontrarlo el tiempo de hacer penitencia.

Aun es tiempo. Pero ¿Que es convertirse? En lenguaje bíblico significa: cambio de vida; abandono del camino desviado que se ha llevado; cambio del propio modo de pensar y del obrar, como renovación integral del YO, y así tener una alianza de intimidad con Dios. Si el pecado es, la maldad del corazón, la conversión será una mutación profunda y radical de esa disposición interior y así pasar a un estado de vida nueva. Esta nueva existencia, se caracteriza según San Pablo por un: ser en Cristo; un morir y resucitar del hombre con Cristo. Es un despojarse del hombre viejo y revestirse del hombre nuevo. Es toda una metamorfosis en Cristo, verificándose así el reencuentro del hombre con Dios. El móvil de nuestra conversión, no debe ser el miedo al castigo, sino el deseo de poder introducirnos en la vida del amor de Dios. Si usted, quiere vivir en amistad de Dios, es urgente su conversión, que solo se realiza en la fe, ya que es una respuesta a la llamada de Dios. Y aunque nuestra vida debe estar siempre en una continua conversión, es en la cuaresma en donde priva el ambiente más favorable, para reconocernos pecadores, y estar dispuestos a recibir el don de Dios que sana.

No sea víctima de vanas ilusiones, pensando que el cambio moral, se realiza con la ciencia o con reformas insustanciales e intrascendentes a las leyes civiles. No espere todo del progreso mecánico o de simples palabras humanas. Seamos sinceros y realistas; no hay salvación posible para nuestra sociedad, si no se da en cada uno de nosotros una verdadera conversión, la cual es imposible y absurda al margen de Cristo y de su evangelio. De nada sirven las campañas de moralización, si no vivimos como Cristo nos mandó. Si no hay conversión, seguiríamos siendo gobernados, por hombres a quienes la mayoría de los ciudadanos, no ha elegido, seguiremos soportando el absolutismo de un solo partido y el atropello a los más elementales derechos humanos. Seguiremos endeudados y más hundidos a pesar de tanto préstamo. Es necesario aprovechar este tiempo de cuaresma para fomentar y realizar, esta obra de restauración espiritual y adherir plenamente toda nuestra vida a Dios. Desde el umbral de la liturgia Cuaresmal, estamos interpelados, para volver a la casa del Padre. Una nueva oportunidad, para prepararnos a la celebración del Misterio Pascual de Cristo. Son cuarenta días de purificación de corazón y práctica intensa de vida cristiana, que forman el prólogo y el punto de arranque, para una plena renovación. Tratemos de responder a ese llamado divino, convirtiéndonos de Verdad. No endurezcamos el corazón adhiriéndonos de manera obstinada al mal, que no sintamos el deseo de volver al bien. El Divino Juez, no nos niega su perdón y su gracia a ningún pecador, por muy obstinado que sea, sí se arrepiente. Porque Dios como Padre, le gusta más ser amado que temido. Así púes, arrepentidos y con el propósito de no volver a ofenderlo acerquémonos a Él, y vivamos este tiempo litúrgico de la Cuaresma, con este buen propósito. ¡Arriba y adelante! Porque es el tiempo favorable, para el descubrimiento y profundización del autentico: “Discípulo de Cristo”