Solidaridad con el Seminario Diocesano

Nos dice el Concilio Vaticano II: “que de tal manera amó Dios a este mundo que hoy se confía al amor y ministerio de los pastores de la Iglesia, que por él dio a su Hijo unigénito” (PO 22). Efectivamente el amor divino por nuestra humanidad ha sido sobreabundante, y por la obra de Cristo tiene características sacramentales, más sensibles y eficaces, que opera en los fieles con dinamismo y fecundidad, especialmente cuando el discípulo del Señor colabora con su apertura y disposición.

Ese amor divino se hace presente en el mundo con generosidad, de diversas formas y maneras, pero destacan en esa actualización, que el amor de Dios se manifiesta en el amor y en el ministerio de los pastores de la Iglesia, gran don y gran responsabilidad, que nos urge a que los ministros ordenados, debemos vivir con gran esmero nuestra vida y servicio sacerdotal, y los feligreses están llamados a acompañar con su comunión y oración, la conversión personal y pastoral de los Obispos y presbíteros.

En el plan de Dios los sacerdotes son indispensables en la continuación de la obra salvífica de Jesucristo, y como todos sabemos ellos se forman y preparan en el Seminario Diocesano, entidad eclesial formativa de gran trascendencia, a la que estamos todos llamados a apoyar con nuestro afecto, con nuestra oración y con nuestra solidaridad económica. Por ello con ocasión del día del Seminario, invito a que los presbíteros motiven a las comunidades que les han sido confiadas, en orden a apoyar material y espiritualmente a nuestro Seminario Diocesano.

Dios nuestro Padre santo, les recompensará con creces todo lo que hagan a favor de la formación sacerdotal, él en unión con Jesucristo y el Espíritu Santo, los bendiga abundantemente, y nos de la luz y la fortaleza para que vivamos todos nosotros, nuestra misión en este mundo al que tanto él ha amado, y donde no deja de manifestar su amor inconmensurable.

Mazatlán, Sinaloa. 6 de abril de 2014.

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