I Domingo de Cuaresma, ciclo B

“Yo hago un pacto con vosotros…”

Primera Lectura: (Génesis 9,8-15)

Marco: Gn 1-11 es calificado habitualmente como «orígenes del mundo y prehistoria de la salvación». Estos capítulos hay que leerlos prestando especial atención a los géneros literarios utilizados en la Biblia: en un ropaje literario muy popular, el autor sagrado quiere transmitir a sus lectores realidades muy importantes para el hombre.

Reflexiones

1) ¡Un proyecto de vida para todo hombre!

Dios creó al hombre para la vida, no para la muerte, libre, pero no desligado de El que es la fuente de la vida. Este fue el proyecto de Dios. Los avatares de los primeros pasos del hombre sobre la tierra ponían en riesgo paso a paso este proyecto. Primero, comiendo del árbol de la ciencia el bien y del mal, es decir, queriendo desligarse de la fuente y origen del que había recibido lo que es. Luego, el levantamiento del mal contra el bien, que es lo que significa la historia de Caín y Abel, ponía en riesgo la presencia del Dios bueno para el hombre. Otros relatos que revelan la tensión del hombre frente a un Dios bueno y dador de vida. Toda la humanidad es la universal familia de este Dios providente. El texto sagrado, con su estilo popular; nos recuerda que el hombre poco a poco llevó la injusticia hasta límites desbordantes. Roto el proyecto de Dios, se desequilibró peligrosa y gravemente la relación del hombre con el hombre. En un lenguaje popular; el autor sagrado expresa el «enfado» de Dios contra los hombres, el «arrepentimiento» de haberlos creado. No quitemos nada del frescor de estos términos con sentido antropomórfico bello y expresivo. En nuestro lenguaje diríamos que la situación se hizo intolerable e irrespirable. El diluvio, un símbolo elocuente, representa el combate contra el mal. Es necesario volver a los orígenes y comenzar una humanidad nueva. Expresa la permanente tensión de entonces, y de ahora, del mal contra el bien en todos los planos, que eso significa «injusticia»: abarca todos los ámbitos de la vida del hombre.

2) ¡La fidelidad de Dios a toda prueba!

Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes... Noé es el comienzo de una primera nueva humanidad (sólo Cristo realizará real y plenamente la nueva humanidad en la Pascua). El sentido de la Cuaresma de este ciclo B es preparar y caminar hacia la Pascua, definitiva alianza de Dios con la humanidad. Dios ha realizado una primera alianza. La historia de la salvación está tejida en el cañamazo de la alianza. Dios promete, se compromete y permanece fiel a sí mismo. Nada ni nadie puede romper o destruir su proyecto. Un primer impulso de esperanza en el Dios fiel. A pesar de todo, está ahí, dispuesto a reparar y renovar día a día su tierna y delicada fidelidad. Ésta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades... En un tiempo y un mundo en que valorarnos tanto lo audiovisual, la Escritura nos enseña cómo en la pedagogía de Dios ha estado siempre presente lo audiovisual de forma primaria, pero significativa. El pacto es con toda la tierra, universal. Dios lo es de todos los hombres, aunque más tarde se elija un pueblo. Todo es obra de Dios y todo está bajo la atenta mirada de la providencia. Todo el mundo interesa a Dios porque todo es obra de su amor. En la Pascua definitiva en Cristo volverá aparece esta verdad fundamental para la esperanza y la felicidad del hombre: Pues Dios tuvo a bien hacer residir en Cristo toda la Plenitud, y reconciliar por Él y para Él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos (Col 1,19-20). Y el mismo Jesús nos declaró en la Cena que su Sangre derramada era la alianza nueva y eterna.

Segunda Lectura: (Primera Carta de Pedro 3,18-22)

Marco: 1 Pedro es una homilía pascual-bautismal que procede de los orígenes, atribuida a Pedro (compuesta originalmente en arameo) y que Silvano la estructura ahora como una carta. Es un mensaje bautismal y pascual. Está dirigida a cristianos perseguidos a muerte en Bitinia, Ponto y Galacia. El autor les alienta con este pensamiento central: así como por el bautismo os incorporasteis sacramentalmente a la muerte y resurrección de Jesús, ahora que experimentáis realmente la muerte sangrienta, levantad vuestro ánimo y esperanza porque también participaréis realmente de su resurrección.

Reflexiones

1) El inocente muere por los culpables

Cristo murió por los pecados una vez para siempre... La primera lectura nos ha recordado que la humanidad había colmado y desbordado la medida de su rechazo de Dios cometiendo la «injusticia» (resumen de todos los pecados contra Dios y contra los hombres), pues bien, ahora Cristo es el reparador de la situación de la humanidad. El pecado destruye la dignidad humana. Podemos decir con seguridad que el pecado no es «humano», es «antihumano», porque rebaja la dignidad de la persona humana o la destruye. Jesús afrontó la muerte, el don total de su vida, para restaurar la dignidad del hombre, de todos los hombres. Pero Él era inocente. Sólo su inocencia podía restablecer las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre sí. Para conducirnos a Dios en el que el hombre encuentra la vida, su verdadera identidad y la dignidad de persona humana.

Jesús en la cruz nos libró de la ley, del pecado y de la muerte. Entregada su vida por los hombres, era necesario entablar el definitivo combate con el enemigo frontal del hombre: Así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también participó Jesús de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo, y libertar a cuantos por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud (I-lb 4,14ss). En la «agonía» (duro combate), Jesús mantuvo una lucha frontal para llegar a la raíz del mal de la humanidad. Era necesario que el hombre encontrara su propia identidad de ser libre hechura de Dios. Pero estaba sometido a esclavitud. Esta imagen de la lucha de Jesús contra el enemigo de la vida explica el sentido de la afirmación kerigmática (que ha recogido nuestro credo actual) de la sepultura. La victoria pascual de Cristo ha sido total. Es necesario que ahora

nosotros realicemos adecuadamente el camino que nos conduce a la Pascua liberadora y traducirlo en nuestro vivir de cada día. La presencia del cristiano en el mundo es una permanente «agonía» (duro combate), es decir; una lucha sin cuartel contra el mal en todas sus manifestaciones (violencia, injusticia, pobreza, desamor) desde la fuerza del bien.
2) Jesús el nuevo Noé; el bautismo la nueva arca
Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente nos salva...
El autor de I Pe insiste en la seriedad de lo que significa el bautismo cristiano. Relaciona este acontecimiento sacramental con aquel acontecimiento del diluvio. Noé y su familia se salvaron de las aguas por cl arca. Y se trataba de salvar una vida real y palpable. Pues bien, el bautismo nos proporciona una salvación real que debe hacerse sensible, palpable y creíble para cuantos realizan con nosotros el camino de esta vida. El creyente se convierte, por el bautismo, en un testigo visible y fiable de la acción salvadora de Dios a través del acontecimiento pascual acaecido en Jesús y actualizado ahora con toda su fuerza por los signos sacramentales del bautismo, Es un nuevo comienzo, como ocurrió entonces. El bautismo supone, sacramentalmente, un nuevo comienzo, una nueva criatura, una forma nueva de amar y de contemplar al hombre y al mundo.

Evangelio: (Marcos 1,12-15)

Marco: Jesús acaba de ser bautizado en el Jordán. En una visión apocalíptica, se nos brinda la oportunidad de comprender en ella la llamada de Jesús a su misión y tarea de Siervo de Yahvé y Mesías con el don del Espíritu que desciende sobre él. A continuación, Jesús se retira al desierto y es tentado. El narrador afirma en este episodio que Jesús es el Profeta esperado, el Siervo de Yahvé, el Mesías ungido por el Espíritu y el Hijo de Dios.

Reflexiones

1) ¿Cuándo y por qué quiso ser tentado Jesús?

El relato de las tentaciones es una catequesis en la que se quiere reflejar cómo Jesús asume solidariamente los dos grandes momentos de la etapa anterior: la historia de la humanidad que, allá en el paraíso, sucumbe a la tentación y la gran peregrinación del pueblo de Dios por el desierto durante cuarenta años. Jesús se solidariza con los protagonistas de ambos acontecimientos, pero desde su singularidad, para darles respuesta adecuada y coherente. Esta presentación catequética, hay que desdoblarla y situarla en la vida histórica de Jesús, si se quiere comprender el auténtico mensaje. Quiero decir; que, siguiendo tanto el relato sinóptico como el joánico de la misión de Jesús, comprobamos que jesús fue tentado durante todo su ministerio, para inducirlo al rechazo de la misión que en el bautismo se le encomienda y que acepta: la salvación a través del verdadero mesianismo y de la tarea de Siervo de Yahvé, que asume la responsabilidad humana. Esta tarea es escandalosa y choca con la concepción en boga en tiempos de Jesús.

2) Contenido de las tentaciones

¿Pan o Palabra de Dios? La primera, el pan, remite al milagro del maná en el desierto. La esperanza judía en el Mesías incluía la repetición y prolongación permanente del milagro del maná. Así lo deja entender claramente Jn 6, según el cual la multiplicación de los panes provoca esta exclamación de los participantes: Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo (Jn 6,14). Jesús vence la tentación retirándose a la montaña y afirmando después ante las gentes:
En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre. La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado (Jn 6,26ss). Una dramatización espléndida, pero que invita a una reflexión más atenta y cuidadosa: el plan de Dios es más profundo, aunque los bienes materiales proceden también de su bondad y son necesarios. He ahí el juego tentación-superación. Ambas cosas son necesarias, pero la Palabra de Dios va más lejos, abarca más hondamente al hombre; la Palabra le rehace más globalmente como criatura de Dios.

¿Ostentación o silenciosa eficacia salvadora? La segunda tentación es la oferta de un modo distinto de llevar adelante el plan de Dios que el que Jesús se ha atrevido a adoptar. El pueblo judío tiene otras expectativas, es decir, la liberación social, «manifestándose» como un gran líder, que conduzca al pueblo a su liberación. Pero Jesús aparece como un profeta galileo sin apariencias. Jesús es invitado a «manifestarse» públicamente en Jerusalén (Jn 7), porque ese ha de ser el camino. Pero Jesús sube a Jerusalén «en oculto». Esta dialéctica de manifestación ostentosa y de ocultación es la tentación segunda. La victoria sobre esta tentación se ilumina plenamente en la cruz liberadora de la ley, del pecado y de la muerte, pero que provoca escándalo.

¿Poder temporal o salvación total y universal? La tercera tentación hay que entenderla en un pueblo sometido duramente por los romanos (roban, violan, extorsionan sin escrúpulo) que necesita una liberación tangible que ha de realizar el Mesías. Y quieren hacerle rey, le ofrecen el liderazgo político-militar. Los zelotas están detrás de esta tentación. Ellos esperaban y colaboraban con Dios en una acción sinergética que los enemigos fueran vencidos. Pero el plan de Dios tampoco en este caso coincide con el de las expectativas de su pueblo. El poder de Dios sé manifiesta de otra manera, y Jesús quiere encarnar y realizar ese plan: Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan (Sb 11,23). En esta realidad de la historia concreta de Jesús, las tentaciones recobran toda su viveza. Durante su ministerio tuvo que enfrentarse constantemente con gentes que le tentaban, le ponían a prueba insistentemente hasta abocar en la prueba final de la cruz, como recuerda Lucas: Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo (kairós) oportuno (Le 4,13).

Reflexión Final:

Este primer domingo, nos invita, a la vez, a mirar a la primera alianza con otros ojos, y también a la alianza nueva o última con nueva esperanza. Pero para conseguir esta mirada, el secreto está en un acceso más asiduo y más auténtico a la Palabra. Cuaresma, tiempo de escucha de la Palabra del Evangelio, de reflexión, ele fidelidad. Y todo como una preparación para la Pascua. Porque el creyente es invitado aquí y ahora a vivir en camino hacia la Pascua, sin renunciar a su historia humana y en esa historia de la salvación.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)