XVI Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B

“ Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco ”

Jesucristo, Pastor y Salvador en la justicia

Iª Lectura: Jeremías (23,1-6): El pastor de la unidad

I.1. La primera lectura del profeta Jeremías es uno de los pasajes que se refieren a la casa de Judá, a la que profeta juzga, pero a la que promete un tiempo ideal, en que al pueblo dispersado, maltrecho y sin esperanza se le promete unos pastores que reúnan de nuevo al pueblo. Lo que más llama la atención son los vv. 5-6 pues todo se concreta en una persona, en un pastor, a lo que antes se ha insinuado.

XV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B

“ Los fue enviando de dos en dos ”

La misión como vocación de ser discípulo

I ª Lectura. Amós (7,12-15): La palabra de Dios es el pan del profeta

I.1. La lectura del profeta Amós es toda una revelación de su vocación y de su misión. Este relato forma parte de un texto biográfico que marca las diferencias en un libro que están muy preñado de visiones y revelaciones (7,10-17). La llamada de un profeta verdadero siempre provoca admiración y desconcierto.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B

“ Se extrañó de su falta de fe ”

El espíritu del verdadero profeta

Iª Lectura: Ezequiel (2,2-5): El profeta, el hombre sin miedo

I.1. La primera lectura de este domingo la tomamos de Ezequiel, y viene a ser como una especie de relato de llamada profética; así es el caso de otros profetas de gran talante (Isaías 6 en el templo; Jeremías 1), porque se debe marcar una distinción bien marcada entre los verdaderos y falsos profetas. En la Biblia, el verdadero profeta es el que recibe el Espíritu del Señor.

XIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B

“ Seres saludables que miran con otros ojos ”

La muerte hermana de la vida

Iª Lectura: Sabiduría (1,13-15;2,23-24): Muerte, vida y sabiduría

I.1. El libro de la Sabiduría (1,13-15; 2,23-24) nos ofrece hoy una de la reflexiones más hermosas sobre la vida y la muerte. Este es un libro tardío del Antiguo Testamento, escrito en griego, que recoge una gran tradición judía helenista y que ha marcado un hito en la gran cuestión de la existencia humana. Su afirmación de que Dios ha creado al hombre para la inmortalidad viene aminorada por el tópico de que la muerte no depende de Dios, sino de la envidia del diablo. De ahí su afirmación de que la muerte no entra en los planes creadores de Dios