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Intenciones de Oración del Papa, Mayo 2018

General: La misión de los laicos:
Para que los fieles laicos cumplan su misión específica poniendo su creatividad al servicio de los desafíos del mundo actual.


III Domingo de adviento, ciclo B

“ Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador ”

Iª Lectura: Isaías (61,1-2.10-11): Nuestro futuro está en las manos de Dios

I.1. La primera lectura pertenece a la tercera parte del profeta Isaías (cc. 56-66) que refleja una época distinta de las dos anteriores del libro, aunque no hay posturas unánimes sobre cuándo y cómo surgieron estos textos. En todo caso, el de hoy, es uno de los más conocidos, ya que el evangelista Lucas lo ha aplicado con acierto a lo que Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16ss).

II Domingo de adviento, ciclo B

“ Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios ”

Iª Lectura: Isaías (40,1-5.9-11): El consuelo, camino de nuestro Dios

I.1. La primera lectura es el maravilloso canto de la consolación que el Segundo Isaías lanza en medio del pueblo desterrado en Babilonia. El “segundo Isaías” no tiene nombre, está inserto en el libro que lleva el nombre de un maestro, pero es un profeta nuevo para una situación de nueva. El exilio había tirado por tierra todas las teologías y las seguridades religiosas que hasta entonces se habían hecho sobre el Dios de Israel.

I Domingo de Adviento, ciclo B

“ Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento ”

Comenzamos desde ahora un nuevo tiempo litúrgico y el Adviento nos pone en sintonía con las realidades de espera y esperanza que no se pueden sostener, desde luego, en la impronta que marca a una generación frustrada.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

“ Eres un empleado fiel y cumplidor ”

Este “penúltimo” domingo del año litúrgico nos mete de lleno en la esfera religiosa escatológica; nos instruye y nos motiva a pensar en las últimas cosas de la vida, esas sobre las que no queremos hablar casi nunca, porque nos parece que no forman parte de nosotros mismos; como si fueran de otro mundo. Sin embargo, la liturgia nos recuerda que son del nuestro, de nuestra intimidad más profunda a la que debemos asomarnos con fe y esperanza.

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